Academia de Ciencias Luventicus

Karl MARX

Marx nació en Tréveris (Renania, Alemania) en 1818. Si bien su familia era de origen judío, el padre se bautizó en la Iglesia Luterana e hizo bautizar a su esposa y a sus hijos cuando Karl tenía seis años.

En 1835 comenzó la carrera de derecho en Bonn. Su comportamiento allí estuvo lejos de ser el conveniente a un estudiante (bebía y hasta llegó a batirse a duelo), por lo que su padre decidió que prosiguiera los estudios en Berlín. El padre no se equivocó: en Berlín Karl pasó cinco años de formación intensa, tanto en Derecho como en Filosofía. Allí tomó contacto con la obra de Hegel en el ambiente en el que el propio Hegel había enseñado hasta hacía pocos años. Asistió a los cursos de von Savigny, el famoso representante de la escuela histórica del derecho y se integró al grupo de los "jóvenes hegelianos" de izquierda.

En 1841 obtuvo en Jena el título de Doctor con su tesis Diferencia entre la filosofía de la naturaleza de Demócrito y Epicuro. Al mismo tiempo, vio cómo se le cerraban las puertas de la docencia a su amigo Bruno Bauer, que era expulsado de la cátedra en Bonn por su ateísmo. Ante ello, previendo que como docente correría la misma suerte, decidió dedicarse al periodismo.

Ingresó al "Diario Renano", en el que progresó rápidamente hasta transformarse en director. Pero el carácter crítico de sus escritos llevó a la clausura del periódico. Viajó a París para dirigir la publicación de los "Anuarios germano-franceses". Allí conoció a Engels, su futuro amigo, compañero y en alguna medida "mecenas". En 1845 el gobierno francés lo expulsó del país y se refugió en Bélgica. Allí publicó con Engels el famoso Manifiesto del Partido Comunista. En 1848 Marx fue expulsado de Bélgica y recibido con honores por el nuevo gobierno francés. De Francia pasó a Alemania para fundar un nuevo diario en Colonia. Pero al poco tiempo el diario fue clausurado y Marx invitado a dejar el país. Así fue como, en agosto de 1849, Marx decidió trasladarse con su familia a Londres, donde pudo escribir, estudiar (en especial economía) y reunirse con políticos revolucionarios sin ser perseguido por las autoridades. Murió el 14 de marzo de 1883.

Entre sus obras se destacan: Sobre la cuestión judía, Contribución a la crítica de la filosofía hegeliana del derecho, Manuscritos económico-filosóficos, La ideología alemana, Manifiesto del Partido Comunista, La lucha de clases en Francia de 1848 a 1850, El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Contribución a la crítica de la economía política y El capital.

Marx era un durísimo crítico de la sociedad burguesa. Entendía que en ella el hombre vive alienado, enajenado, y considera que la raíz de esta situación se encuentra en la injusta estructuración de la actividad económica. Si no se resuelve la injusticia en este plano básico o estructural, toda la vida social seguirá siendo injusta y alienante.

La causa básica de la injusticia es la propiedad privada de los medios de producción, que genera la separación entre los propietarios (burgueses) y los no propietarios (proletarios: que sólo son dueños de su prole, de sus hijos). Los propietarios se valen de la fuerza de trabajo de los no propietarios (la fuerza de trabajo es, según Marx, el único generador de riqueza) para aumentar su capital y le dan al trabajador como pago lo mínimo necesario para que subsistan él y su familia. A la diferencia entre la riqueza que generan los trabajadores y lo que efectivamente reciben por su trabajo Marx la llama "plusvalía". En definitiva, la sociedad burguesa se basa en el saqueo o robo sistemático que unos pocos, los burgueses, hacen a las grandes mayorías, los proletarios.

Marx consideraba que esto no había sido siempre así y que no es ésta una situación a la que debamos someternos como ante una fatalidad. Él sostenía que en los tiempos más remotos el hombre vivía en agrupaciones que desconocían la propiedad privada, en las que se daba la propiedad común de los bienes ("sociedad comunista primitiva"). Esta sociedad primitiva fue suplantada por otra, la "sociedad antigua", cuando unos pocos se adueñaron de los bienes y exigieron el trabajo del resto en condición de esclavitud. Este tipo de sociedad, que generaba mucha más riqueza por la explotación del trabajador, se fue imponiendo sobre las sociedades primitivas, venciéndolas y tomando como esclavos a sus integrantes. El desarrollo de las técnicas de producción, especialmente agrícolas, permitió con el tiempo el surgimiento de otro tipo de sociedad, la "feudal", en la que la división de clases ya no se daba entre amos y esclavos sino entre señores y siervos. El señor feudal no necesitaba explotar al campesino hasta el máximo de sus fuerzas porque éste, con una jornada normal de trabajo, producía todo lo necesario y, al mismo tiempo, porque no había modo de acumular riqueza. La acumulación de capitales que se dio con la apertura de Europa al comercio hacia fines de la edad media, el desarrollo de la industria manufacturera y, posteriormente, la revolución industrial, forzaron el paso a un nuevo tipo de sociedad, la "sociedad capitalista", conformada por la clase burguesa y la proletaria. 

Marx sostenía que la historia, movida por la lucha de clases, tiende en su devenir hacia un nuevo y definitivo tipo de sociedad, la "sociedad comunista", en la que ya no habrá división de clases sociales, porque no habrá propiedad privada de los medios de producción (nadie trabajará para otro y nadie se apropiará de "plusvalía" alguna). Marx creía que el paso del capitalismo al comunismo no se podía dar sino a través de una revolución violenta, generada por un movimiento que reuniera la inteligencia de los intelectuales revolucionarios y la fuerza de las masas proletarias.

La característica distintiva del enfoque marxista de lo social es la convicción de que la única variable independiente y determinante de los procesos sociales es la economía. Su materialismo filosófico, heredado de Feuerbach, se plasma al analizar la sociedad en la convicción de que la realidad última y determinante de la vida social es la "estructura" económica, conformada por los "medios de producción" y las "relaciones de producción" (relaciones sociales establecidas entre los propietarios de los medios y los trabajadores). Todo lo demás conforma la "súper-estructura" de la sociedad. El derecho, la filosofía, la religión, la moral, la educación, son reflejos de la estructura y se adaptan para favorecer su funcionamiento y encubrir sus injusticias. Entonces, al cambiar la estructura, cambia la súper-estructura. Cuando el desarrollo económico exige una nueva organización política que le sea más conveniente y funcional, se termina dando una revolución que priva del poder a los que hasta allí lo ejercían y lo da a quienes mejor se adaptan a la nueva situación estructural. Por eso la monarquía, que tan bien sirvió a los intereses de la burguesía naciente para conformar los grandes mercados nacionales, al tornarse entorpecedora del desarrollo ulterior de esos burgueses enriquecidos, vio caer su poder, e incluso rodar algunas de sus cabezas, en manos de "el pueblo".

Entre los fenómenos súper-estructurales se encuentra la religión, que según Marx colabora con el mantenimiento de la explotación de las masas proletarias brindando el consuelo ficticio de un "cielo", o un " más allá", y facilitando con ello la explotación pasiva del trabajador en el "más acá". De ahí su famosa expresión: «La religión es el opio del pueblo.»

N. del E.: En la serie Figuras de la historia de la Filosofía, hemos publicado un artículo donde se muestra otra faceta de Karl Marx.

 
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